En la consulta la ilusión llega casi siempre por su reverso: alguien cuenta lo que esperaba y no vino. Ahí el trabajo consiste en mirar qué figura del deseo estaba montada en esa espera, a quién iba dirigida y qué se pedía. Calibrar mejor las expectativas para la próxima vez es un consejo, y los consejos ya se los ha dado todo el mundo siempre es una buena opción. Conforme se crece la satisfacción suele llegar de las cosas presentes y no de las que nos gustaría que estuvieran ahí.
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La ilusión no se administra. Se atraviesa, se pierde y vuelve con otra cara. Quien ha dejado de ilusionarse suele llamar lucidez a haber dejado de esperar algo del otro. La palabra empezó nombrando un engaño y acabó nombrando una promesa: se quedó con las dos cosas, y con las dos se vive.