Los términos psicológicos como narcisismo son hoy comunes en nuestras conversaciones cotidianas. Cabe preguntarse si comprendemos realmente estos términos o si solo los utilizamos para ubicarnos en nuestra realidad. Este artículo busca desmontar el uso indiscriminado y despectivo de determinados conceptos psicológicos, en relación con la psicologización y la sobreadaptación psicológica.
Una consulta de psicoterapia es un lugar privilegiado para observar la realidad. Por el sofá de mi despacho pasan personas muy diversas, que hablan sobre sí mismas y sobre las demás utilizando el lenguaje, que como sabemos cambia con el uso y a través del tiempo.
Observando a las personas que atiendo y prestando un poco de atención a las redes sociales, no es difícil encontrar expresiones como: «Mi ex es un narcisista», «estuve en una relación y él era evitativo», «me he separado de ella porque es muy tóxica», o «cuando discutíamos se ponía como una histérica».
Estamos asistiendo a una psicologización de la vida cotidiana, por la que el uso de determinados conceptos permite a las personas ubicarse en un espacio social cada vez más fluido, diverso y cambiante. Existe una clara relación entre el contexto social en el que vivimos y la utilización de estas nuevas etiquetas1.
1 En el progresivo avance del capitalismo, y en su forma actual tardocapitalista y neoliberal, cada vez son menos sólidos los espacios de identificación para los seres humanos. Cuando las políticas keynesianas reinaban en el mundo occidental, el responsable del bienestar de las personas era el Estado. Esa estructura ideológica se ha ido debilitando con el paso del tiempo, y ahora la responsabilidad sobre el bienestar y el futuro de los individuos recae exclusivamente sobre ellos. El sueño americano es un ejemplo: cualquier ciudadano de los Estados Unidos puede llegar a ser una persona de éxito, y eso solo depende de su esfuerzo y dedicación. La idea no es cierta: existen múltiples determinantes sociales y culturales que pueden impedirlo.
La sociedad capitalista es eminentemente individualista y competitiva. Se nos insiste constantemente en que somos responsables de nuestro bienestar y satisfacción personal. Para ello requerimos de un universo de ideas que nos articulen y ayuden a vertebrar nuestras aspiraciones hacia ese bienestar.
En este punto es donde la terminología psicológica accede para dar respuesta a nuestro vacío de identificaciones. ¿Qué me pasa?, que estoy deprimido. ¿Qué es esto que siento en el pecho?, ansiedad. Integramos la terminología psicológica cada vez más para describir cómo nos encontramos en nuestro momento vital, y de manera muy especial con respecto a nuestras relaciones.
Esta cuestión varía cuando dichas identificaciones las usamos como modo de atribución al otro. La psicología y su cosmovisión ya no se articulan como un lugar de conocimiento e indagación de lo eminentemente humano, sino como un lugar para la acusación2. El Otro3 es el causante de mi malestar: el otro patológico, narcisista, tóxico o neurótico. Las etiquetas diagnósticas se usan a nivel lego para señalar y estigmatizar a las personas que nos rodean.
2 No me refiero con ello a la labor de miles de profesionales de la salud mental que realizan un trabajo encomiable para el bienestar de toda la sociedad. Estamos haciendo un análisis antropológico y sociológico de cómo determinados conceptos psicológicos se están instaurando en la cultura actual y de los usos que se hacen de estos términos.3 El concepto de Otro ha sido estudiado desde la antropología. Ese gran Otro lacaniano es el lugar de la proyección en el que ubicamos todo lo extraño a nosotros mismos. Al comienzo de los estudios antropológicos, en el siglo XIX, el concepto de otro se usaba para hablar de los salvajes: aquellos otros de tierras lejanas que no estaban civilizados, no tenían una estructura social y en algunos casos ni siquiera tenían un lenguaje escrito. Después se descubrió que no era así. Los salvajes sí tenían estructuras sociales, aunque distintas de las occidentales; es más, se descubrió que la propia visión occidental sobre aquellas culturas distorsionaba y no dejaba ver lo que de genuino tenían. La mirada de una cultura sobre las otras siempre es etnocéntrica, porque valora la cultura propia como superior a la ajena. En términos psicológicos esto tiene una equivalencia con los conceptos de sombra y proyección: el Otro es el causante de mis males porque en él deposito el estigma psicopatológico, aunque este verdaderamente está oculto en mí y en mi propia sombra.
Esto lo podemos observar en las redes sociales, en artículos y publicaciones que pretenden instruirnos con procedimientos y consejos para vivir mejor: «¿Cómo reconocer a un narcisista?», «¿Cómo saber si el chico con el que estás saliendo tiene un apego evitativo?» o «¿Cómo sacar a las personas tóxicas de tu vida?».
Cámara de eco es un concepto que se utiliza para describir la situación en la que una persona o una comunidad se rodea principalmente de información y opiniones que confirman y refuerzan sus propias creencias y perspectivas, excluyendo o minimizando activamente aquello que difiere de las suyas.
Las redes sociales se han constituido en cámaras de eco, en las que mediante terminología psicológica dejamos dentro de nuestra red los términos y las personas congruentes con nuestra ansia de bienestar, y excluimos, rechazamos y bloqueamos todo aquello que no lo es.
Por supuesto, una red social no es solo una cámara de eco. Ha quedado sobradamente demostrado que además es un instrumento de extracción masiva de datos de carácter privado para su monetización por parte de grandes corporaciones4.
4 Redes sociales como Instagram, Facebook o TikTok pretenden la monetización y el control social a través de la hipnosis masiva para su sometimiento. Aunque suene duro, basta recurrir a la historia reciente para observar cómo los efectos negativos de algunas redes sociales, sobre todo en la infancia y en la adolescencia, están sobradamente demostrados. Las evidencias no han servido para que los directivos de estas transnacionales tecnológicas regulen por sí mismos sus formas de proceder.
La sobreadaptación psicológica es un estado en el cual una persona ha internalizado y aplicado excesivamente conceptos y prácticas psicológicas en su día a día. Esto puede implicar una dependencia excesiva de la psicología como marco de referencia para comprender y abordar situaciones y desafíos.
A veces, la sobreadaptación psicológica lleva a una sobreanalización de las experiencias y a una tendencia a buscar explicaciones puramente psicológicas para acontecimientos o comportamientos que pueden tener múltiples causas y factores.
En una imposición social masiva del bienestar individual como única vía de desarrollo del individuo ante el capitalismo, la única opción que queda es acogerse a un entramado de conceptos psicológicos para describir el propio estado y el de las personas con las que uno se relaciona.
Los individuos tienden a la homeostasis, a estar regulados. Si a una persona le facilitamos un universo de términos psicológicos y la colocamos dentro de una cámara de eco, el resultado es que lo congruente con su idea de bienestar permanece dentro de su universo de ideas, y todo aquello no alineado con su cometido queda expulsado de su burbuja.
De este modo queda el camino sembrado para que podamos escoger en una red social a nuestro propio chamán virtual, con el que a través de sesiones online acceder a un universo de ideas que sirven para apuntalar nuestra precaria idea de felicidad.
No quiero terminar sin hacer una definición precisa de lo que verdaderamente es el narcisismo. Me he encontrado en redes sociales a psicólogos con cientos de miles de seguidores difundiendo definiciones del narcisismo totalmente imprecisas.
Todos somos narcisistas. El narcisismo está relacionado con la imagen interna que todos tenemos de nosotros mismos, el Yo ideal. Esta imagen es común proyectarla en los demás; el resultado es la imagen que de nosotros mismos intuimos que los demás tienen. Solo cuando esta imagen es llevada al extremo nos encontramos con un trastorno de personalidad de tipo narcisista.
Existen dos tipos de narcisismo. El narcisismo primario se desarrolla cuando un bebé de apenas unos meses, a través de la madre o de quien hace esa función, comienza a formar su aparato psíquico. La sexualidad infantil está distribuida por todo el cuerpo del bebé y luego se irá unificando en algunas zonas concretas. El objeto de amor de este narcisismo primario es el propio bebé: el amor está volcado sobre sí mismo, entre otras razones porque no hay conciencia de un otro.
El narcisismo secundario necesita de un otro. Solo se produce cuando el bebé ya ha crecido y tiene la capacidad de relacionarse con los adultos de referencia. Está relacionado con ese ideal del yo, la imagen especular que sobre nosotros mismos nos devuelve la interacción con los demás.
Todos somos narcisistas porque todos tenemos una imagen de nosotros mismos que se ve respaldada o confrontada en la relación con los demás. El narcisismo está relacionado también con la autoestima, ya que comprende el amor hacia uno mismo, necesario para tener una autoestima sana.
Solo algunas personas, que siendo bebés no pudieron establecer una vinculación afectiva y amorosa con los adultos de referencia, presentan el trastorno narcisista de personalidad. La prevalencia de este trastorno no llega al 1 % de la población.